En la Era de los Abuelos-Niños
Actualizado (Sábado, 13 de Junio de 2009 14:19) Escrito por Plinio Correa de Oliveira Martes, 19 de Mayo de 2009 13:36
Catolicismo No.85 Enero de 1.958
Plinio Corrêa de Oliveira
(Dibujo). Salón decorado con cierta gravedad. Muebles pesados, cortina grande, cuadros y adornos que parecieran de valor. Todo indica un ambiente interior calmado, de gente ya madura y económicamente satisfecha y organizada. La fisonomía de los personajes mayores es coherente con esta impresión. En un sofá espacioso, están dos señoras aún jóvenes, que deben ser las madres de los seis niños que se encuentran en la sala. Se diría que es una plácida reunión, de una plácida familia en un plácido ambiente. Sin embargo en esta reunión la excitación de la vida moderna ya penetró a través de la televisión. Todos se entregan enteramente al gusto de ver, sentir, casi tocar con las manos la escena del video. Las fisonomías expresan el placer de sentir suelta la imaginación, en cuanto el control de la inteligencia cesa enteramente y la voluntad duerme en la más profunda inercia. Es el hombre reducido -por una miserable involución- a la condición de un bebé que vive solamente de sensaciones. Cuando una alma llega a tal estado, adiós lógica, coherencia, seriedad. Para él todo esfuerzo intelectual se hace penoso. Toda actitud enérgica insoportable. Es el extremo para el cual son hoy tantas veces arrastrados no solamente los jóvenes sino también los viejos. Y sumergido en una poltrona, un niño que -por singular fenómeno todavía gusta de leer, causa recelo, pues su madre le dice a la visita: “Estamos preocupados con Guilherme”. ¡Qué niño tan extraño! ¡Gusta de concentrarse, de leer, de abstraer! Si esto continua será necesario llevarlo al psiquiatra. Y este, ciertamente se alarmará con el comportamiento “marginado” de ese niño tan extraño. Y no descansará hasta haber hecho de él un adorador de la televisión. Es por este y otros medios que los más viejos –responsables de lo poco que nos queda del buen sentido y equilibrio, pactan tantas veces con los vicios de nuestros días. Y se transforman en agentes eficaces de la inmensa caída mental del siglo XX. ¡Exageración de un caricaturista! ¿Cómo hacer sobre eso cualquier comentario serio?
Bastaría ir hoy a playas y boites para ver cómo el dibujo es justo, pues son los "jovencitos" y "jovencitas" de más de sesenta años que hoy toman la vanguardia de la modernización:




