La verdadera Cultura
Actualizado (Jueves, 28 de Enero de 2010 14:15) Escrito por Plinio Correa de Oliveira Jueves, 28 de Enero de 2010 12:23
Consideraciones sobre Cultura Católica
Publicamos apartes de una extraordinaria conferencia dictada por el Dr. Plinio Correa de Oliveira un 13 de noviembre de 1955 en el Seminario Central de San Leopoldo en Rio Grande del Sur (Estado brasileño), por invitación del P. Rector Leonardo Fritzen S.J.
Ante un número considerable de seminaristas y tras bellísimos elogios a la vocación sacerdotal, al clero y a la Compañía de Jesús, el Dr. Plinio dijo entre otras cosas lo siguiente:
(…) ¿Qué es Cultura?
A esta pregunta ha sido dadas respuestas muy diversas: unas inspiradas en la filología, otras en sistemas filosóficos o sociológicos de toda clase. Tal es la enredadera de contradicciones que en torno a este vocablo se ha tejido -y a otro conexo : “¿qué es civilización?”- que hasta congresos internacionales de sabios y académicos se han reunido para intentar definirles a estas dos palabras su contenido. Y, como suele acontecer, de tanta discusión no ha nacido todavía luz alguna.
Creo que no sería posible -en lo exiguo de esta conferencia, enunciar las tesis y argumentos de las diversas corrientes. Tampoco alcanzaría para afirmar nuestra tesis justificándola, y después tratar propiamente de la Cultura Católica. Si embargo, podemos eso sí considerar seriamente el asunto, tomando la palabra CULTURA en los muchos significados de que ella se reviste en el lenguaje de tantos pueblos, clases sociales como escuelas de pensamiento, y demostrar que en todas sus acepciones, la palabra “Cultura” contiene siempre un elemento básico común e invariable: perfeccionamiento primoroso del espíritu humano.
Y en la médula de este primoroso perfeccionamiento, va implícita la idea de que el ser humano lleva en su espíritu cualidades para desarrollar, y defectos para reprimir. Así pues que “primoroso perfeccionamiento” tiene en sí dos aspectos: uno positivo, que significa desarrollo de lo que es bueno, y otro negativo, que significa poda de lo que es malo.
Son muchos los modos de pensar y de sentir corrientes -respecto a la cultura- que se explican a la luz de este principio. Entonces no dudamos reconocerle el carácter de cultural a una institución universitaria, a una escuela de música o de teatro, o incluso a una sociedad dedicada al fomento de la filatelia o del juego de ajedrez. Es que estas entidades o agrupaciones sociales, tienen como objetivo directo perfeccionar con primor el espíritu humano, o en el menor de los casos, tienen en vista finalidades que de por sí buscan la perfección del espíritu.
Sin embargo, podríamos concebir también que existiese tal vez una universidad u otro tipo de institución cultural que trabajase virtualmente contra la cultura, lo que se pude dar cuando -a efectos de errores de cualquier tipo, su acción lo que hace es deformar los espíritus. Se podría hacer por ejemplo esta afirmación de ciertas instituciones que llevadas de un entusiasmo exagerado por la técnica, inculcan en sus alumnos desprecio por todo cuanto es filosófico o artístico. Un espíritu que adora la mecánica como valor supremo, haciendo de ella el único firmamento del alma humana, negando toda certeza que no traiga la evidencia de las experiencias de laboratorio y rechazando desdeñosamente todo lo bello, es sin la menor duda, un espíritu deformado. Como deformado sería el espíritu que, movido por un apetito filosófico inmoderado, le negase cualquier valor a la música, al arte, a la poesía, o incluso a actividades humanas más modestas pero que también exigen inteligencia y cultura como la propia mecánica.
Y, de universidades que plasmasen en sus alumnos algunas de estas falsas orientaciones, diríamos que lo que hacen es ejercer más bien una acción anti-cultural o propagar una falsa cultura. Corrientemente se acepta que la esgrima, por ejemplo, es un ejercicio de cierto tipo de valor cultural porque supone cualidades de destreza física, vivacidad de alma y elegancia. Pero el sentido común se niega vehementemente a reconocerle carácter cultural al boxeo porque tiene en sí algo de envilecedor para el espíritu humano, solamente por el hecho de hacer blanco, con golpes pesados y brutales, en el rostro humano.
Así pues que, en todas las acepciones, y en otros más, el lenguaje común incluye en la noción de cultura, la idea de perfeccionamiento primoroso del alma humana.
Cultura e Instrucción
A primera vista es menos clara la distinción entre lo que es tener instrucción y tener Cultura. Sin embargo, bien analizadas las cosas, se ve claramente que tal diferencia existe y reposa sobre un fundamento muy sólido.
Se dice de una persona muy leída que es culta, por lo meno si se le compara con otra que haya leído menos. Y entre dos personas que han leído mucho, se presume que la más lectora es la más culta. Como la instrucción de hecho afina el espíritu, es natural que -salvo razones en contrario- se repute siempre más culto el que es más leído. Pero el peligro de esta apreciación, radica en que muchas personas simplifican demasiado e inadvertidamente estas nociones, llegando a considerar la cultura como el resultado de la cantidad de libros leídos. Craso error, pues la lectura es provechosa, no tanto en función de la cantidad sino de la calidad de los libros leídos, y de la calidad de quien lee y el modo como lee.
En tesis, la lectura puede hacer hombres instruidos, tomando aquí la palabra instrucción como información. Pero una persona muy leída, muy instruida, muy informada de acontecimientos o nociones de interés científico, histórico o artístico, puede ser bien menos culta que otra de caudal informativo más reducido.
Es que la instrucción solamente embellece y perfecciona el espíritu en toda la medida de lo posible, cuando va acompañada de profunda asimilación, resultante de bien elaborada reflexión. Es por eso que quien lee poco pero asimila mucho, es más culto que quien lee mucho y asimila poco. Por ejemplo, un guía de museo es generalmente muy instruido acerca de los objetos que muestra a los visitantes, pero raras veces es poco culto pues se ha limitado simplemente a memorizar sin asimilar ni reflexionar.
¿Cómo se adquiere Cultura?
Todo lo que el hombre aprende con la inteligencia o con los sentidos, ejerce un efecto sobre las potencias de su alma. De este efecto, una persona puede desprenderse más o desprenderse menos, o incluso liberarse enteramente conforme al caso, pero en sí cada aprensión tiende a ejercer sobre ella un efecto.
Como ya lo dijimos, la cultura tiene un aspecto positivo que consiste en perfeccionar y otro negativo que consiste en frenar. La reflexión es lo más importante para ese aspecto positivo. Más, pero mucho más que ser un ratón de biblioteca, un depósito vivo de acontecimientos, datos, nombres y textos, el hombre de cultura debe ser un pensador. Y para el pensador el principal libro es la realidad que tiene delante de sus ojos, y su autor más consultado él mismo. Los otros libros y autores, aunque preciosos, son elementos nítidamente subsidiarios.
Pero la mera reflexión no es suficiente. El hombre no es solamente espíritu. Por una afinidad que no es apenas convencional, existe un nexo entre las realidades superiores que él considera con la inteligencia y los colores, los sonidos, las formas y los aromas que el percibe por los sentidos. Entonces el esfuerzo cultural solamente es completo, cuando el hombre empapa todo su ser por estas vías sensibles, de los valores que su inteligencia consideró. La música, la poesía, el arte, tienen exactamente esta finalidad. Y es mediante un esmerado y superior convivio con lo bello (rectamente entendida esta palabra, por supuesto) que el alma se embebe enteramente de la verdad y del bien.
Cultura Católica
Para que una Cultura esté bien cimentada sobre bases verdaderas, es necesario que contenga nociones claras sobre lo que es en realidad la perfección del hombre, ya sea en las potencias del alma, ya en las relaciones de esta con el cuerpo. Nociones claras acerca de los medios con los cuales el hombre puede alcanzar la perfección, nociones sobre los obstáculos que se interponen para alcanzarla, etc.
Por lo tanto, el concepto de Cultura así establecido, debe ser nutrido por la sabia doctrinal de la Religión verdadera ya que es precisamente a la religión a la que le compete enseñarnos en qué consiste la perfección del hombre, la vía para alcanzarla, los obstáculos que se le oponen. Y Nuestro Señor Jesucristo, personificación inefable de toda perfección, es así el modelo sublime, el foco, la savia, la vida, la gloria, la norma y el encanto dela verdadera cultura. Lo que equivale a decir que la cultura verdadera solamente puede ser basada en la verdadera religión. Y que solamente de la atmósfera espiritual creada por el convivio de almas profundamente católicas, puede nacer la cultura perfecta, como l rocío se forma naturalmente de la atmósfera sana y viva de la madrugada.
Esto se demuestra también a la luz de otras consideraciones.
Decíamos poco antes que todo lo que el hombre ve con los ojos del cuerpo o los del alma, es susceptible de influenciarlo. Todas las maravillas naturales de las que Dios llenó al universo, son hechas para que, al considerarlas, el alma humana se haga un primor de perfecciones. Pero las realidades que trascienden los sentidos, son intrínsecamente más admirables que las sensibles. Y si la contemplación de una flor, una estrella o una gota de agua puede hacer que el hombre se perfeccione, cuánto más lo puede hacer la contemplación de lo que la Iglesia nos enseña sobre Dios, su ángeles, sus santos, el paraíso, la gracia, la eternidad, la Providencia, el infierno el mal, el demonio y tantas otras verdades. La imagen del Cielo en la tierra es la Santa Iglesia, la obra prima de Dios. La consideración de la Iglesia, sus dogmas, sus sacramentos, sus instituciones, es por eso mimo todo esto un supremo elemento de perfección humana. Un hombre que nacido en los subterráneo de una mina, nunca hubiese visto la luz del día, perdería con esto un elemento de enriquecimiento cultural precioso, y quizá capital. Mucho más pierde, culturalmente, quien no conoce la Iglesia, de al cual el sol no es sino una pálida figura en el sentido más literal de este adjetivo.
Pero hay más. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Jesús. Circula por él la gracia, que nos viene de la Redención infinitamente preciosa de Nuestro Señor Jesucristo. Por la gracia el hombre es elevado a la participación de la propia vida de la santísima Trinidad. Baste decir esto, para reafirmar el incomparable elemento de cultura que la Iglesia nos da, abriéndonos las puertas del orden sobrenatural.
El más alto ideal de Cultura está pues contenido en la Santa Iglesia de Dios.
Culturas no Católicas
¿Podría el hombre elaborar fuera de la Iglesia una verdadera Cultura?
Distingo. Nadie podría afirmar que los egipcios, los griegos, los chinos no fueron poseedores de auténticos y admirables elementos de cultura. Sin embargo, es innegable que el contacto con el cristianismo les proporcionó valores culturales mucho más altos.
Santo Tomás enseña que la inteligencia humana puede, per se, conocer los principios de la Ley Moral, pero que a consecuencia del Pecado Original, los hombre fácilmente desvían y tergiversan ese conocimiento, por lo que se hizo necesario que Dios revelase por caridad los Diez Mandamientos. Además, sin el auxilio permanente de la gracia, nadie puede practicar durablemente en su integridad, la Ley Moral. Y si bien que la gracia es dada a todos los hombres sin excepción, sabemos por experiencia histórica, que los pueblos católicos, con la superabundancia de gracias que reciben en el seno de la Iglesia, son los únicos que consiguen practicar establemente todos os mandamientos si son fieles a esas gracias superabundantes y suficientes.
De otro lado, una sociedad humana solamente está en su estado normal cuando la generalidad de sus miembros observa la Ley Natural. De ahí se sigue que, si bien que los pueblos no católicos puedan tener producciones culturales admirables, siempre fallan en algunos puntos capitales, lo que le quita a sus culturas la integridad y la plena regularidad, presupuestos necesarios de todo cuanto es eximio o incluso simplemente normal.
Así que la Cultura verdadera solamente es perfecta dentro de la Iglesia católica.
(…) mis queridos seminaristas, todo lo que acabo de decirles, redunde en afirmar, cuánto yo reverencio vuestra esplendida misión, lo mucho que de vosotros espera mi corazón de católico y lo mucho que os amo por haber dejado todo lo de este mundo para seguir esta gloriosa vocación.
Nota: Texto extraído de grabación directa en Portugués académico sin revisión personal del autor. Traducido por Antonio L. Borda G.
18-I-10.




