El caso "Marymount"
Actualizado (Miércoles, 18 de Enero de 2012 12:59) Escrito por Antonio Borda Miércoles, 18 de Enero de 2012 12:47
La monja guerrillera
A confesión de parte relevo de prueba, dicen jueces y abogados. Sin embargo en el caso de la Hermana Leonor Esguerra Rojas no habrá investigación, ni llamado a descargos, ni mucho menos acusación, detención, juicio y sentencia. No. No se trata de eso, ni aquí se escribe esta nota con esa intención.
Nos limitamos simplemente a registrar con mucho dolor, un testimonio dado directamente por la misma protagonista, de lo que es la esencia de la TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN. Tal vez le sirva la lectura del libro a las personas maduras y con buen criterio. Creemos que ya con esto todo queda definitivamente aclarado: “La búsqueda” Ed. Aguilar.
El sueño latinoamericano de la década de los sesenta por encontrar nuestra propia identidad, se esfumó bajo el tableteo de las ametralladoras y el olor a sangre y pólvora, como lo predicaban Castro, Guevara y posteriormente los Sandinistas. Miles de muertos quedan a lado y lado del camino, torres de la electricidad voladas, oleoductos, “pescas milagrosas”, secuestros, extorsiones, autocríticas y fusilamientos. Jóvenes literalmente engañados corriendo tras la fantasmagórica ilusión utópica de una quimera que se llevó la esperanza y la vida de tantos: La famosa “Combinación de todas las formas de lucha” pervertida hasta su médula.
Valga recordar la frase del Che Guevara en su discurso-directriz leído en la Conferencia Tricontinental de partidos comunistas celebrada en la habana (Cuba) en esa misma década del sesenta que nos robaron los marxistas, “Camaradas, necesitamos por encima de todo mantener vivo nuestro odio y alimentarlo hasta el paroxismo total. Odio Como factor de lucha, odio intransigente al enemigo, odio capaz de impulsar un ser humano para más allá de sus límites naturales y transformarlo en una fría, selectiva, violenta y eficaz máquina de matar”. Está dicho todo.
Mientras Farc, Eln, Epl y otras tantas siglas sanguinarias mataban sin misericordia en nombre de la revolución, la TFP calle por calle en ciudades y pueblos del país alertaba pacíficamente invitando al debate ideológico: Cinco bombas activadas en nuestras sedes de Bogotá y Medellín, fue la respuesta.
Lo que no teníamos bien claro -y el libro lo descubre- era que tanta gente prestante social y políticamente, ricos burgueses acaudalados y muy bien posicionados en la diplomacia y la academia, nacional e internacionalmente estaban tan imbricados en esta conjura contra Colombia y era el apoyo de esa locura mortal que hizo colgar los hábitos a gentes de innegable inteligencia y respetables cualidades intelectuales y académicas, hijos de familias distinguidas. Definitivamente el marxismo es una infestación diabólica que terminó poseyendo más adeptos en medios como los de la ex-hermana de la Congregación del Sagrado Corazón de María y el Marymount de Bogotá Leonor Esguerra Rojas, que entre el menudo pueblo de Dios. Nunca antes en la historia una corriente del pensamiento humano, una especie de filosofía de la vida, sembró paradójicamente tanta muerte entre la humanidad argumentando que se trataba de una justa indignación popular. Y el marxismo no descansará hasta lanzarnos en la gran hecatombe mundial de lucha por el igualitarismo de naciones pobres contra ricas, que será el capítulo final de la lucha de clases.
Y el drama de Colombia ha sido esos caudillos emuladores, viviendo en un futuro inoculado por la fantasía del iluminismo de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, de los que Marx fue el discípulo perfecto, desligados totalmente del presente y de nuestra tradición, y trabajándole a un geoestratégico proyecto social racionalista e igualitario, elaborado fuera de nuestro país hace ya muchos años,… bien antes que perdiéramos a Panamá.




